25 noviembre 2007

Insensatez

Siempre el calor desvanece los pensamientos lucidos. Así me sentía yo, desvanecida, vaporosa, transpirada. En mi cabeza, mentaba pequeñas revoluciones, mientras esperaba un colectivo que nunca iba a pasar. Fingiendo ser lo que no era, vistiendo un disfraz equivocado, temiendo que la mascara se quedará pegada a mi rostro, y no poder sacarla jamás. Así estaba, así me sentía, así vivía, así desesperaba. No había salidas, las puertas estaban todas cerradas, y las llaves yacían en el fondo de un mar. Pero en mi cabeza, seguía mentando revoluciones, asaltos, grandes proezas, hombres heroicos y mujeres de hierro. Siempre una soñadora, volátil, risueña, feliz e incomprendida. Podía ver frente a mí el destino que se me escapaba como arena entre los dedos, entre los pies. Ya no pisaba firme, el terreno se había vuelto movedizo. Mi cabeza era refugio de gigantes. Grandes pensamientos, grandes frustraciones. Decisiones tan acertadas, indecisiones tan ciertas. Ensoñaciones, delirios de una mente que estaba cada vez más alejada de la realidad, que ya no quería oír de diarios, de radios, de televisores. El único propósito, mi única meta, el anhelo que me mantenía despierta en sueños era evadir aquel infierno que me ataba los pies, me cortaba las alas y no me permitía volar. Calor, calor intenso, pero, en el alma, frío desolador. Ya nada consolaba la herida, la profunda llaga. Solo quería ser yo misma, aunque ya nada conformara a los demás.

Me perdí queriendo ser algo que no era, me evaporé, me esfumé. Mi miedo está allí, ya no es una pesadilla: la mascara está fija, inamovible. Ya mi rostro es inmutable. ¿Negligencia? jamás. ¿Abandono? Tampoco. ¿Mala suerte? No lo creo. Desespero, y en el intento de quitar ese rostro ajeno, desconocido, intruso, rasgo mi cara y me lastimo. Sangro, me desangro. No logro quitarla, pero lo sigo intentando. Y cada vez se aferra más y más fuerte, y no me quiere soltar. Es tarde. Mi rostro ya no es mío. Yo ya no soy yo y este mundo ya no es el que era. Todo ha mutado, y mi persona ha muerto. Y todo esto, aunque yo siga pensando en revoluciones, en grandes hazañas, en un lugar mejor mientras el calor me desvanece.